Nnedi Okorafor. ¿Quién teme a la muerte? Editorial Crononauta. Traducción: Carla Bataller Estruch.
Reseñamos esta novela, nominada al Nébula y al Locus, que obtuvo además el World Fantasy Award en 2011, concedido por primera vez a una persona afro-americana desde sus inicios en 1975.
(Recomiendo no avanzar en el siguiente análisis de la novela si no la leíste ya que revela elementos de la trama).

Nnedi Okorafor es una escritora americana de fantasy y sci-fi , que ha ganado varios premios, por ¿Quién teme a la muerte? y otras novelas en formato saga como Binti y comics como “La guardia”. La verdad es que hacía tiempo que quería leerla y reseñar alguna de sus obras. Decidí comenzar por esta novela ya que está siendo adaptada a serie de HBO nada menos que por George. R. R. Martin.
Otro dato de la autora, es que procede de una familia nigeriana. El desarraigo de sus padres, que viajaron a EEUU a estudiar y no pudieron regresar por la guerra civil nigeriana (1967-1970), sirvió a la autora como experiencia para dar impulso y también documentar esta novela. El colonialismo y la guerra civil entre etnias en África está presente como catástrofe, y aunque no está desarrollada como escenario en la novela, precede a la África post-apocalíptica en el que se desenvuelve la historia.
La discriminación racial, así como su enfermedad, la escoliosis, también están presentes en la novela. En este sentido, ¿Quién le teme a la muerte? es un libro en cierto modo personal de Nnedi Okorafor.
La idea de la novela, según ella, surge a partir de un artículo que leyó titulado “Queremos crear un bebé de color claro”de Emily Wax en el 2004 que describía la violación como arma en Sudán.

¿Quién teme a la muerte? narra la historia de una joven llamada Onyesonwu en una África pos-apocalíptica. La niña es una Ewus, como se denomina a los hijos de un mestizaje violento por el que el pueblo de los nurus, de piel más clara y dominantes, somete a los okekes, considerados esclavos. Despectivamente, a los Ewus se los llama“los hijos sin color”. Como son concebidos por una violación en masa se los considera también “hijos de la violencia”.
Esta guerra inter-étnica, y el sistema esclavista que somete a los okekes, está legitimada simbólicamente en el Gran Libro que contiene un mito de origen. Aquellas palabras sagradas justifican religiosamente el castigo originario a los okekes, la incapacidad de las mujeres de practicar la magia y básicamente su imposibilidad de ocupar cualquier lugar de poder en esa sociedad.
Onyesonwu nació de la violación ritual de un malvado hechicero Nuru a su madre okeke. La magia violenta tenía por finalidad engendrar a un elegido que según la profecía del Gran Libro cambiaría el contenido de las mismas escrituras. Que sea una mujer, será interpretado por el hechicero nuru como un error y perseguirá a Onyesonwu para matarla.
En la trama se revelan algunos de los elementos importantes de la novela. La primera, es que es un libro de fantasía que problematiza la estructuración violenta de la sociedad, al denunciar la violencia de género, racista y el abuso infantil. Además, la sociedad pos-apocalíptica que construye Nnedi Okorafor es, como toda sociedad de castas, fuertemente racista y patriarcal. En este aspecto puntual, el Apocalipsis no parece haber representado una ruptura tan radical con las formas de violencia de la África contemporánea, por eso se asume en la lectura que estas precedieron al fin de ese mundo. Finalmente, como Onyesonwu nace con el poder de la magia, en una sociedad en que no se acepta la existencia de hechiceras, la novela cuestionará las relaciones entre magia, poder y la condición femenina, así como su estatuto en el fantasy y la sci-fi actual.
La novela está organizada en tres partes que hacen a las etapas del transformación, crecimiento y empoderamiento, tanto personal, mágico y espiritual, de Onyesonwu: la transformación, la etapa de aprendiz o estudiante, y finalmente, su conversión en una guerrera. Estas etapas podrían asociarse al “camino del héroe”tradicional del fantasy que se combinan en la organización de la narrativa con el modelo de una novela de maduración. Tiene un tono testimonial y subjetivo, bastante personal, que se sirve además de elementos de la biografía, la literatura del “yo”y cierta voz femenina que puede asociarse al Urban Fantasy.
Uno de los temas principales de la novela es la violencia. Sobre todo en la primera parte, “transformación”, la autora expone diversos tipos y grados de violencia que sufre Onyesonwu y sus seres queridos, especialmente las mujeres okekes y los niños, en particular los ewus.
La violencia que describe Okorafor no es esporádica o circunstancial. La construcción del mundo de Onyesonwu se realiza a través de desnudar las prácticas de violencia institucionalizada de esa sociedad. Una fuerte premisa para la construcción de un mundo de fantasía.
Quizás la más impactante es la práctica de violación grupal. Los nurus, el pueblo dominante, al violar en masa a las mujeres okeke, destruye las familias por entero y reafirma así su poder sobre los okekes. Es una práctica de violación sistematizada y fuertemente ritualizada como ejercicio de poder. Los nurus saben que los hombres no aceptarán a la mujer violada, ni al niño que nazca de la violencia, por lo cual se destruyen los lazos de amor, personales y comunitarios. La principal víctima es la mujer, aunque el hombre también es deshonrado. El objetivo es su extinción, por lo tanto, es una practica considerada genocida que aparece testimoniada en la historia de la región de Sudán.
Estos primeros capítulos son muy potentes, quizás lo mejor logrado de la novela.
La sociedad pos-apocalíptica imaginada por Okorafor es además un regresivo patriarcado intra e inter-étnico en el que son excepcionales los hombres se acercan a las mujeres con respeto, humildad e igualdad, como ocurre-casi exclusivamente- con el padrastro y el interés amoroso de Onyesonwu . Y una sociedad organizada en castas fuertemente racista. En este sentido, parecería que la fantasía es un recurso para en realidad denunciar la violencia que estructura la sociedad africana: colonialismo, guerras civiles, racismo, patriarcalismo y violencia de género.
“Transformación”la narra una adolescente de 16 años que relata todo lo que ocurrió desde que cumplió 11 años hasta la muerte de su padrastro. Onyesonwu relata un período de cinco años en donde conoce y a veces sufre el maltrato infantil, violación intra-familiar de menores (amigos de la protagonista), la ablación de las niñas, el matrimonio forzado, la guerra, los ancianos y los sabios de la comunidad ocultando todo, y la justificación histórico-religiosa de todo esto a través dela religión y la magia en manos de los hombres. Todos temas bastante delicados.
El tratamiento de esta violencia institucional ha sido considerado elegante por la crítica. Personalmente, me resultó un poco explícito a pesar de lo bien ejecutado. Por momentos, los pasajes narrativos entre la descripción gráfica de violencia contra niñas y niños, seguidos de momentos de amistad, inocencia, exploración sexual o afectiva, no me ha parecido tan bien resueltos, consideré brusca e incluso poco realista esa ductilidad de emociones.
Por otro lado, que Onyesonwu se rebele y adquiera poderes mágicos, como ocurre al final de la primera parte, no me ayudaba a sobrellevar el hecho de que hasta ahí yo sentía que estaba leyendo el relato de una niña abusada, y que estaba convencida que un niño no puede hacerse responsable por una situación tan compleja, y por lo tanto no era quien debía cambiarla, sino los adultos que eran responsables por ella. Algo similar me ocurrió con El Laberinto del Fauno de Guillermo del Toro. En otras palabras, «transformación» para mi trataba más que sobre el colonialismo, la violencia de género y racial, sobre el abuso infantil. No estaba de acuerdo además con que la salida a esta realidad tuviera que ser individual. Aunque se tratara de una fantasía, el hecho de que una niña de 11 años deba enfrentar sola unas prácticas sociales, que aparentemente ni el Apocalipsis pudo erradicar, no me resultaba creíble.
La novela toca temáticas novedosas para la fantasía, que podríamos considerar descoloniales, pero a la vez se hace eco de una premisa muy arraigada en la cultura norteamericana de que la violencia sufrida durante la niñez puede ser una suerte de ordalía para convertirse luego en un luchador que subvierte el orden impuesto. Generalmente va acompañada de la profecía del elegido. Desde mi perspectiva, cuando la fantasía trata sobre un pueblo sometido al colonialismo o a diversas formas de violencia sistematizada, al ofrecer una resolución demasiado liberal al conflicto, el contraste con el realismo crítico insertado en su narrativa hace estallar el sistema mágico por los aires, nuestra memoria histórica lo rechaza. Creo que es un problema narrativo que quienes escriben fantasía basada en elementos mitológicos, históricos o sociales del del Tercer Mundo, la niñez violentada o poblaciones víctimas de genocidios, deben tener presente. Más aún si esa problemática todavía no es historia.
“Estudiante”, es como se titula la segunda parte, abocada a las diversas pruebas que Onyesonwu, cuyo nombre significa precisamente ¿Quién le tema a la muerte?, para enfrentar una suerte de muerte ritual y renacer como una poderosa hechicera. Simbólicamente, estos pasos iniciáticos implican erradicar la violencia que inoculó en ella su padre biológico y el patriarcado, así como la esclavitud del pueblo okeke.
La iniciación comienza con un viaje espiritual por el desierto y a la vez con el despertar de su vida sexual junto a Mwita. No termina allí, sin embargo. Supone un proceso de transición a la madurez en tanto mujer y sexualmente hablando, y la adquisición de poderes y habilidades mágicas. Aro, al principio resistente a enseñarle la hechicería a una mujer, es el maestro que finalmente guiará el aprendizaje de ciertas habilidades como cambiar a formas animales o partes de su cuerpo, manipular el clima, la curación y hasta ser capaz de volver a la vida a un muerto. La segunda parte termina con el descubrimiento de que, entre todas las pruebas, la de haber enfrentado tu propia muerte es la que despierta al poder de la hechicera. Viajar por el desierto real y desafiar a su padre es el modo de enfrentar la muerte que vio en su viaje espiritual, y es también, el modo que encuentra Onyesonwu de intentar poner fin a la guerra entre nurus y okekes. Para eso, además, tendrá que matar a su padre biológico, que es una amenaza para su propia existencia. La duda del lector es si logrará seguir ella con vida. Porque si bien es la elegida de la profecía que cambiará las escrituras del Gran Libro (versión feminista del concepto del “elegido”que ha sido cuestionado por la crítica por la introducción como deus ex machina), en la visión, se ha visto morir por lapidación a manos de los nurus.
El mundo de Onyesonwu se va ampliando gracias a su educación con Aro, enriqueciéndose el relato con elementos inspirados en la cultura y el folclore africano. El relato se distancia un poco ya de las descripciones con pretensión de realismo a un relato más costumbrista con elementos mágicos y de ciencia ficción.

Finalmente, “Guerrera” es la última parte y constituye la mitad de la novela. Redunda más en lo fantástico, aunque aparece un poco desdibujado en la ejecución; a su favor, habría que decir que la narrativa subjetiva y bastante imprecisa de los episodios que relata, cuestiona un poco el detallismo obsesivo e históricamente documentado que caracteriza a la fantasía actual. No obstante, los elementos de ciencia ficción no afectan en profundidad la trama y el escenario post-apocalíptico está esbozado, en cierto modo debido a que es una de sus primeras novelas.
Hacia el final, varios conflicto no pueden resolverse sin sacrificar la pureza de Onysonwu como víctima absoluta. Convertirla en mártir, parece la única posibilidad de cerrar las tensiones entre lo individual y lo comunitario, evadir el hecho de tener que confrontarla con haber asesinado a casi todos los hombres nurus con su magia (al menos a los que habían sido violentos) para vengar y liberar a los okekes, y finalmente, afrontar el hecho curioso de que mata a todos menos a su padre biológico,al que a fin de cuentas iba a desafiar. El gran aporte de la matanza es haber cambiado las escrituras del Gran Libro que inauguran una nueva edad.
Onyesonwu es enterrada viva en la arena y lapidada, después de afrontar su destino, aún siendo estigmatizada, y ejerciendo la violencia que no deseaba practicar contra otros, como se decía que ocurría con los Ewus por ser “hijos de la violencia”. Suponemos que la heroína vengativa restituyó el equilibrio quebrado por la violencia de los nurus, porque a la vez que mata a todos los hombres, embaraza a las mujeres dando inicio imaginamos a una nueva generación.
La pregunta que a mi como lectora me quedó dando vueltas fue: ¿el asesinato en masa de los hombres de un pueblo puso fin a la esclavitud y la guerra entre esos dos pueblos? ¿Los hijos e hijas de los nurus asesinados no buscarán luego vengar la muerte de sus padres? ¿Qué nos hace pensar que la muerte hará reflexionar a los nuevos hombres y que comenzarán a tratar bien a las mujeres ? Dejando de lado la perspectiva moral, la historia está llena de ejemplos de que, la mayoría de las veces, las grandes matanzas no crean igualdad ni destierran el odio, lo único que hacen es reforzar el dominio de los vencedores sobre los vencidos.
De todos modos, esta novela fue importante para el género fantástico, porque tendió puentes entre diferentes tradiciones literarias, incorporó elementos étnicos de las culturas Africanas abriendo nuevas perspectivas a la narrativa fantástica, problematizó la violencia y estableció nuevas perspectivas a algunos debates sobre el género y el racismo en esa tradición. Por ese motivo se llevó el World Fantasy Award 2011.
Otro análisis que me resultó de interés: https://rescepto.wordpress.com/2018/03/30/who-fears-death/?fbclid=IwAR2CsZIgGlmnLvPmDwNCUaNLNNfAFOYnr4cPF_eCCOztsdm9q_5sB0UGdFQ
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