Reseña: The Banshees of Inisherin (2021, Martin McDonagh)

Variedad de autores refirieron a las atmósferas psicológicas de depresión, frustración y resentimiento que, por ejemplo, proliferaron en Alemania luego del fin de la Primera Guerra Mundial, luego del Tratado de Versalles y la hiperinflación. Estos climas de época fueron claves para explicar los enfrentamientos violentos que se sucedieron durante la república de Weimar, la Segunda Guerra Mundial y el ascenso del fascismo.

La atmósfera psicológica de una sociedad es una condición de posibilidad para que se produzcan ciertos acontecimientos de violencia como los ocurridos durante la primera mitad del siglo XX. Pero para entender un fenómeno psicológico a nivel colectivo no basta desde luego reconstruir la trama de una serie de acontecimientos históricos. La historia así entendida no es suficiente para informar el contenido dramático del siglo más violento de la historia de la humanidad.

Tampoco se puede explicar aparentemente por racionalizaciones, ideologías o extremismos, puesto que los acontecimientos del siglo XX, se caracterizan, por el contrario, por su complejidad. Sin embargo, la poética, con sus recursos y figuraciones, parece en ocasiones más adecuada para representar esos dramas sin caer en reduccionismos. 

Este pareciera ser el caso del film The Banshees of Inisherin que a menudo es presentado como una alegoría de la guerra civil de Irlanda. Desde mi perspectiva, la película no es una alegoría de la guerra en sí misma, sino de esa atmósfera psicológica en la cual la guerra civil prospera.

La historia se centra en dos personajes que solo en apariencia podemos considerar los dos extremos en disputa. Pádraic Súilleabháin, interpretado por Colin Farrell (quizás su mejor interpretación actoral) representa a un hombre sencillo del campo, quien es tratado por la comunidad como un buen tipo aunque algo lento. Pádraic se caracteriza por una cierta incomprensión de la complejidad psicológica de su amigo Colm Doherty, interpretado por Brendan Gleeson, que atraviesa una depresión y que sin mediar explicación al comienzo de la película le dice abiertamente que ya no le cae bien y que no serán más amigos.

Simplificando un poco, Pádraic no entiende a Colm, pero éste lo ayudaba a ser reflexivo; mientras que Colm, si bien se aburre, también se nutría de la sencillez con la que Pádraic aceptaba la vida y pasaban el tiempo. Cuando la relación se rompe, y cada uno, a su modo, deja de pensar, por un lado, Pádraic se enfrenta con una rutina insoportable, revelándose que otros y él mismo lo consideran corto y aburrido, lo cual lo precipita a una crisis de la cual no puede salir solo. Mientras Colm, por otro lado, profundiza su depresión y actitud soberbia al creer que por alejarse de Pádraic dejará de ser un músico frustrado y trascenderá en la historia, para finalmente auto boicotearse, terminar dañándose a sí mismo y resintiendo a su amigo.

La mutua incomprensión y subestimación del otro desencadena la violencia.Todo esto es narrado en un tono humorístico capaz de hacerte reír mientras llorás al mismo tiempo. Hay además un componente del relato que Sloterdijk señala que es propio del siglo XX que es la exageración. La exageración del siglo XX consistió en remitir todas las cosas a un fundamento o factor básico que supuestamente lo explicaba todo. La exageración de los motivos de los personajes para conducirse del modo en que lo hacen causa el efecto precisamente que producen los acontecimientos del siglo XX, confusión, malentendido, aislamiento.

En mi opinión, el film narra, a través de seguir la historia de la ruptura de una amistad, cómo las sociedades se disponen para hacerse daño por frustración, resentimiento o depresión, estados emocionales y psicológicos que prosperan luego de épocas socialmente represivas y violentas.

Pero así como son capaces de iniciar las guerras, las sociedades tienen dificultades para terminarlas. El problema es que que los daños solo los revierte un perdón sincero ( que debe ser siempre el fin de la guerra) y esa decisión no es solo personal. El final amargo es que aún cuando se llega al fin acordado de la guerra, este no será suficiente para un nuevo inicio.

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