Ray Bradbury La futuridad de nuestra infancia.

El oficio de escritor/a según las autobiografías de escritores.

Reseña. Ray Bradbury. (1995) Zen En el arte de escribir. Minotauro.

En los años 50′ y 60′, para convertirse en escritor de literatura fantástica y ciencia ficción, había que confrontar ciertos prejuicios. Como géneros literarios, en esas décadas tuvieron auge entre los más jóvenes, pero aún eran considerados subgéneros menores. Mientras por sus temas -aún tratándose de ficción científica-se refería críticamente a esta literatura como desvinculada del mundo y sus problemas, juzgada como evasiva. Estos prejuicios derivaban del contenido ideológico de las figuraciones realistas aún vigentes en el siglo XX.

Ray Bradbury era un crítico del realismo. En esta colección de ensayos llega a proponer que el realismo es un veneno, y por lo tanto, la fantasía y el sci-fi, son el antídoto. Actualmente asistimos a cierta recuperación de la función que la imaginación, a través de la ficciones, tiene en la transformación del mundo a partir de crear ideas, imágenes, pensamientos, discursos que proponen mundos alternativos a lo existente. Para Bradbury, ya en los años 80′, escribir ciencia ficción y fantasía, era usar la imaginación, a través de la escritura, para cambiar la historia de las ideas.

Dentro de la historia de las ideas, la ficción construye representaciones del pasado, sin embargo, participa sobre todo de aquello que «todavía no es» y que incluso habrá de traducirse en hechos en el futuro. Participa, entonces, encauzando la realidad, transformándola, proponiendo soluciones a problemas. Esta relación tensa entre la ficción y lo real es figurada por Bradbury a través de la estrategia de Perseo con Medusa: confrontarla a través de desvíos. En definitiva, una poética. El propio Bradbury sugiere que la clave es, el tropo. La ficción especulativa crea conceptos que en muchos casos se traducen en hechos que se materializan en el mundo.

La escritura dentro de estos géneros no se nutre de la realidad tal como la entienden otros géneros, como la narrativa histórica o la novela realista. En efecto, se nutre de las experiencias. Sin embargo, según Bradbury, esas experiencias que alimentan su obra literaria son aquellas experiencias fundamentales que llamamos subjetivas (y que están profundamente atravesadas por las emociones), que se vivencian durante la infancia y aquellas que proyectan deseos, temores, sueños, proyecciones respecto de un horizonte de expectativas o espacios de esperanza a los que llamamos «el futuro».

Bradbury considera que tales vivencias están registradas en el inconsciente. Nuestro material para escribir historias se nutre de las experiencias y hechos del mundo, evocadas por la memoria o soñadas. Para enriquecerla recomienda, por una parte, leer poesía, que no es otra cosa que la metáfora consumada. La poesía expande los sentidos y facilita el surgimiento de ideas para desarrollar en prosa. Leer libros de ensayos también, para ejercitar el paso de la lógica de los hechos a la lógica de los sentidos. Las experiencias a representar se captan por sus sonidos, sabores, texturas, colores. Obviamente leer cuentos y novelas, porque el inconsciente se alimenta de las imágenes del pensamiento y nuestras obras participan de un debate con esa historia de las ideas. Finalmente, recomienda dar paseos por la ciudad y el campo, pero también por librerías y bibliotecas.

Tales experiencias (las que son potencialmente material de historias) se graban en el inconsciente, sin embargo, al ser evocadas por los juegos literarios, se traman a partir de tensiones, que buscan provocar risas, lágrimas, terror, náuseas, a partir de una función catártica propia del arte que es la de liberar esa tensión. El arte que no libera esa tensión queda incompleto, según Bradbury. Las tensiones se resuelven, con el final adecuado, en la acción. Y la acción es tramada en el tiempo. Los seres humanos son consideradas por el autor de Crónicas Marcianas como «hijos del tiempo», así como el régimen temporal de sus historias, en especial de las ficciones fantásticas y de ciencia ficción, es para Bradbury el de la futuridad de nuestra infancia.

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