Lovecraft Country. El libro vs la Serie.

En este artículo encontrarás una reseña comparada del libro y la serie.

La semana pasada la cadena HBO comenzó a emitir una serie basada en la novela Lovecraft Country del escritor Matt Ruff, ambientada en los años 50’ y atravesada por una reflexión sobre el género pulp, la ciencia ficción, la fantasía, los relatos de misterio y el terror, en tiempos de discriminación racial en los Estados Unidos.

Tras ver la semana pasada el primer capítulo, leer la entrevista a Matt Ruff y comenzar el primer capítulo de la novela, me propuse realizar una reseña comparándola con el libro. Desde luego, aceptando que son dos productos culturales diferentes y que el propio autor ha reconocido que por ese motivo no espera fidelidad en la adaptación, dándonos la pauta de que HBO ha tenido libertades para ejecutarla.

En el primer episodio de Territorio Lovecraft (como ha sido traducida al español), la primera gran diferencia entre la serie y la novela, es la reflexión sobre cómo recepcionan diversas generaciones de la población afroamericana de los Estados Unidos los géneros literarios antes citados.

La novela hace una reconstrucción histórica bastante detallada del racismo institucionalizado en los Estados Unidos en la década del 50’. La prosa no recae en un historicismo detallista, se parece más a una combinación entre una novela de viaje y una crónica, que logra un efecto bastante realista aún cuando narra eventos sobrenaturales.

La atmósfera opresiva que retrata la novela, sobre todo en las primeras escenas de violencia institucional hacia Atticus y la cultura afroamericana en el sur de los Estados Unidos, en la serie aparece disuelta con festividades, escenas de sexo y expresiones de rebeldía femenina, varios anacronismos con objetivos de entretenimiento, pero que precisamente tienen el efecto de quitarle credibilidad al relato. Se trata de escenas muy poco probables para un contexto en que ya luego de la II Guerra Mundial, está afianzado el American Way Of Life y el modelo familiar del Estado Benefactor. Se suma además el contexto de militarización de la sociedad luego de la Guerra de Corea.

Las escenas del libro son violentas y opresivas, sin ridiculizar al blanco racista, sino volviéndolo creíble. Sí, esto pasó y es historia, con el objeto de integrar la crítica social al terror, al misterio, a la aventura misma. Paradójicamente, en la serie, es necesario adecuar el elemento histórico a un discurso políticamente correcto que diluye el efecto crítico del libro.

Pero además, Matt Ruff sabe que un libro que pretende ejercer una crítica social, debe tener una reflexión sobre el modo del ejercicio mismo de la crítica, es decir, sobre el discurso del género que está escribiendo, el pulp, terror, la ciencia ficción y las novelas de aventuras, sobre el problema que está tratando: el racismo norteamericano. Porque no se puede pretender ser crítico y obviar que algunos de los referentes más importantes del género de esos años eran racistas.

Atticus Turner protagonista de la serie de HBO Lovecraft Country

Hay en mi opinión una pregunta en el libro que es: ¿Cómo se siente en un afroamericano cuando su escritor favorito se burla de su etnia, la convierte en el monstruo o el villano contra el que combatir, le atribuye orígenes indignos o considera imposible construir una fantasía con elementos de su cultura? Como Latinoamericana me identifiqué con esa pregunta que tensiona a Atticus.

En la novela, hay en principio una respuesta sencilla, quizás simplista, al problema que es la del padre de Atticus, que es la más beligerante y se representa en torno a las historias de John Carter: «¿Un oficial confederado? —había dicho el padre de Atticus horrorizado—. ¿Ese es el héroe?». Cuando Atticus intentó sugerir que no estaba tan mal porque técnicamente John Carter era un exconfederado, su padre se burló: «¿Exconfederado? ¿Qué es eso, algo así como un exnazi? ¡Ese hombre luchó por la esclavitud! ¡Delante de eso no se pone un ex!». Es un motivo de conflicto del personaje fundamental para el desarrollo de la historia ignorado por la serie. De hecho, esa conversación la mantiene con un personaje secundario que es posible que no vuelva a aparecer.

Luego, encontramos una segunda respuesta, la del tío de Atticus, que me parece más compleja, y que no es ni siquiera política, es casi emocional: George asume que Atticus tiene razón, sin embargo, él no se enoja con sus escritores favoritos, sino que “a veces me decepcionan (…) A veces me dan una puñalada en el corazón”.

La tercera respuesta es la del propio Atticus, que comparte y dialoga con las otras dos que son su herencia cultural: pensar en lo que uno lee como meta razonable. Estas tres voces permanecen en la cabeza de todo admirador de géneros que tienen una historia, que ha sido construida por hombres y mujeres, y que por ello, nos es perfecta y no tiene por qué serla. Y es un poco la premisa del propio Matt Ruff según se puede leer en la entrevista que dio esta semana.

La novela se llama territorio Lovecraft, precisamente, porque el maestro del terror cósmico, conocido por ser un supremacista blanco, es quien cruza esos ejes: el racismo y el género literario. El hecho de que el libro aporte una lúcida reflexión sobre este problema en una narración histórico-fantástica es lo que en mi opinión lo vuelve un gran libro.

Lamentablemente, en la serie, esto es reducido a un par de citas al principio del capítulo. Puedo entender que se privilegie la historia de aventuras, sin embargo, el padre de Atticus, su tío y el propio Atticus, son tres modos de experimentar, recepcionar y relacionarse con estos géneros literarios por parte de una comunidad que es asimismo discriminada por esa literatura. En ese diálogo están los conflictos internos de Atticus y está el aporte más importante de Ruff a un tema tabú dentro del género, desde una perspectiva reflexiva, que tampoco pretende censurar ideológicamente a los autores del pasado, sino abrir el debate sobre lo que podemos tomar de ellos, que merece nuestro interés y poder abordar críticamente la historia de la literatura de estos géneros.

Esta premisa, que es una presentación que se desarrolla en las primeras escenas del libro, no la encontraremos en la serie que pretende más bien narrar una aventura con mucha acción y misterio. No quiero adelantarme, pero de todos modos, me resultó un poco paradojal, que pudiera producirse una suerte de inversión racista por la que se utilice la discriminación a los afroamericanos en los 50’ para convertir a los blancos pobres, tal y como también los discriminó Lovecraft, en los monstruos. Creo que sería sacar una mala lección de la historia que Matt Ruff quiso contar.

El territorio Lovecraft, en la prosa de Ruff al menos, es un espacio más misterioso en el que la problemática social, histórica y lo sobrenatural se entremezclan para contar una historia impensada por los prejuicios del pasado, pero que de ningún modo pretende instalar unos nuevos prejuicios dentro de géneros que cada vez más toman conciencia de su rol en la imaginación política de futuros recientes.

El Último Deseo y los mitos eslavos.

Ciertos Tropos de los Cuentos de Hadas tradicionales reescritos por Andrzej Sapkowski según mitos eslavos.

La princesa maldecida que está prisionera en una torre es finalmente rescatada por el caballero honorable que derrota al dragón.

“El brujo” es una reescritura del cuento tradicional “La Bella Durmiente del Bosque” enfocado desde una visión satírica y cruel.

La historia transcurre en Wyzima, una villa medieval a la que se presenta un Rivio llamado Geralt, al que todos conocen como “el brujo”, quien tras protagonizar una feroz pelea en la taberna, expone al alcalde Velerard que ha venido por la recompensa que ofrece el reino por matar una estrigie.

En este relato de Sapkowski la maldición no recae entonces sobre el castillo ni se trata de un hechizo de sueño lanzado por una bruja malvada ofendida porque no se la invitó a un baile. La dificultad que debe afrontar el héroe tampoco la representa un dragón que custodia la torre. Es la princesa, la hija del noble que gobierna Wyzima al que conocemos como Foltest, la propia estrige que el brujo en calidad de mercenario debe asesinar.

La reescritura de “La bella durmiente del bosque” se realiza por lo tanto a través de la combinación de ese cuento clásico con la historia de una criatura del folklore polaco que se describe como una mujer deformada por una maldición, que ataca y se alimenta de la población de Wyzima. Su padre, Foltest, se había apiadado de la criatura al nacer, pero debe encerrarla a causa de los males que provocan sus bestiales ataques a la población, tampoco se atreverá a matarla una vez que se entera que es posible deshacer el hechizo.

La princesa es el producto de una relación incestuosa entre Foltest y su hermana Adda. Sin embargo, la maldición que recae sobre la estrige de Wyzima no es el efecto de la relación incestuosa de sus padres, sino que Geralt concluye que fue deliberadamente hechizada por alguien que le deseaba el mal a esa familia. La magia oscura de la que fue presa la recién nacida tenía un motivo político antes que moral. Los monstruos en este cuento son los perpetradores de tal maldición que truncaron la vida de esa niña. Su móvil no era un cuestionamiento moral: reprobar el incesto. El prejuicio moral fue utilizado como excusa para encubrir una intriga política. Hacia el final no se revela con claridad la identidad de quienes maldijeron a la niña antes de nacer convirtiéndola en víctima de las intrigas de su familia, aunque suponemos que esos monstruos humanos están vinculados al noble que es sacrificado por Geralt para deshacer la maldición, consiguiéndose de una manera bastante retorcida algo de justicia para la princesa.

Es interesante también que así como maldecir a la princesa está vinculado a luchas de poder, la intención de liberar a la princesa de la maldición tampoco es un problema moral sino una cuestión económica y poblacional para el rey de Wyzima y el alcalde del pueblo. Por su parte, Geralt de Rivia, el supuesto caballero, quien provoca una masacre en una taberna ni bien entra al pueblo y se comporta como un mercenario, no actúa por honor o valentía, sino por dinero. Es cierto que muestra alguna sensibilidad al proponerse liberar a la princesa deshaciendo la maldición, y no matándola, aún cuando esta opción era más dificil de ejecutar y de salir mal podía significar costos aún más horrendos para la joven.

El final del relato no se parece en nada a una redención de la princesa, ni del caballero honorable que la libera de su maldición y encierro, debido a que si bien es liberada de la maldición, el costo es que padece un leve retraso mental y Geralt queda gravemente herido. El final del cuento, por lo tanto, tiene un sabor amargo y cruel. La moraleja es que a veces los que parecen monstruos son las víctimas de los aberraciones humanas. Y que hay daños que ninguna magia- por más bien intencionada que sea – puede deshacer.

La violencia masculina representada a través de la animalización de la apariencia.

“La semilla de la verdad” es un relato que reimagina el cuento “La bella y la bestia”.

El brujo se encuentra siguiendo el rastro de brutales asesinatos. Las huellas lo conducen a un palacio perdido en el medio de un bosque. La evidencia que persigue Geralt de Rivia podría estar indicando que se enfrenta a un lobizone. En efecto, en el palacio al que arriba el brujo vive un ser con el aspecto de una bestia peluda monstruosa. La bestia, no obstante, fracasa cómicamente en parecer amenazador, más aún, se muestra muy educado con Geralt. Ignorando que es un cazador de monstruos, Nivellen lo invita a su palacio. Durante un momento, creemos que el brujo procederá a asesinarlo, incluso el monstruo mismo considera esa posibilidad cuando Geralt se revela, así como expresa arrepentimiento y vergüenza por lo estúpido que ha sido al invitarlo a entrar a su hogar. Sin embargo, Gerlat nos sorprende al responderle que él no es un monstruo sino un hombre maldecido. ¿Quien entonces ha cometido las terroríficas muertes en los alrededores del palacio?

Mientras conversan en su palacio, Nivellen relata al Rivio que con anterioridad diversos pueblerinos intercambian con él a sus hijas durante un año a cambio de dinero. En algunos casos las jóvenes asistían con verdadera colaboración. Incluso supone que algunas la pasaron bien o se sintieron a gusto en el palacio. No obstante, señala también que desde un tiempo atrás ningún aldeano ha venido a hacerle una oferta similar. Con esta historia, idéntica a la historia de la Bella y la Bestia, pero que ahorra los eufemismos acerca del negocio entre la bestia y el padre de Bella, la bestia pretende distraer a Geralt sobre la naturaleza de los crímenes que este investiga o justificarse en caso que lo hayan enviado a matarlo. El brujo, sin embargo, se da cuenta que está encubriendo a alguien o algo que habita junto a Nivellen el palacio.

Geralt está detrás de otro mosntruo que se revela recién cuando se está marchando. Se manifiesta en la forma de una hermosa mujer, a la que descubrimos que Nivellen ama, que al verse desenmascarada se convierte en un terrorífico murciélago gigantesco. Vereena, la enamorada de la bestia, era en verdad una lamia. Otra versión de una vampireza eslava.

En plena lucha, la criatura alcanzará a morder al brujo causándole una grave herida en el cuello. Finalmente, la muerte de la vampira libera a la bestia de su maldición volviendo a su figura humana. La ambigua conclusión es que el amor y la sangre tienen el suficiente poder para convertir a un hombre en la víctima de una vampireza que le hace creer que él es la bestia. Que a veces detrás de la belleza se oculta el mal. Que la apariencia monstruosa no es suficiente indicador del cual deducir la monstruosidad. Una conclusión, como mínimo, polémica en cuanto a discurso de género, aún cuando aceptemos el machismo de la época retratada por Sapkowski y del folklore en el cual documenta sus historias.

La inocencia y pureza absoluta de la joven perseguida por la reina malvada.

“El mal menor” es un cuento que resignifica en un diseño de fantasía oscura elementos del relato de “Blancanieves y los siete enanitos”. Comienza cuando Geralt ingresa al pueblo de Blaviken para llevarle al alcalde Caldemeyn el cuerpo sin vida de una Kikimora esperando que le den alguna recompensa por matarla. En las leyendas polacas, la kikimora es un espíritu, a veces maligno o pesadilla, que mora en los hogares, detrás de estufas o en los sótanos. El alcalde no le da ninguna importancia a la Kikimora, no obstante, lo conduce hasta lo del mago local para que consulte si tiene interés en revisar a la criatura.

Cuando llegan, Geralt descubre que bajo una falsa identidad (El maestro Iriond) se esconde un poderoso mago oscuro conocido como Stregobor. Stregobor le cuenta al rivio que está siendo perseguido por una muchacha a la que antaño, a pedido de una reina, intentó asesinar en varias ocasiones.

La joven es una de las sobrevivientes de la Maldición del Sol Negro, un femicidio a cargo de el loco Eltibaldo, por el que se persiguió y encarceló a mujeres nacidas bajo un eclipse que se decía que estaban endemoniadas y que según ciertas profecías comenzarían el holocausto de la raza humana.

La versión de la historia que le relata Stregobor se basa en los vaticinios de un espejo de que la primogenita del rey Fredelfalk, e hijastra de Aridea, terminaría con la vida de esta última y de muchas personas más. Stregobor demuestra que es una mutante y la reina manda a matarla en el bosque por un cazador. Renfri lo asesina y escapa, uniéndose a siete gnomos con los que asalta los caminos, por lo que pasa a ser llamada Córvida. Muertos los gnomos, Stregobor la derrota y encierra en un ataud de cristal, del que logra sin embargo escapar gracias a un príncipe que rompe el hechizo y luego la deja libre. Renfri desde entonces persigue a Stregobor para vengarse. Cuando llega a Blaviken ya lo ha intentado tres veces, no obstante, se dice que se ha vuelto inmune a la magia y que por ese motivo el mago no ha podido volver a hechizarla.

Geralt asume sin embargo que los motivos de la persecusión a Renfri fueron políticos. Se negará a aceptar no solo el relato de Stregobor, sino también al pedido del nicromante de que la asesine, pero accede a actuar de mediador a pesar de que Stregobor le sugiere que matarla es un <mal menor> frente al <gran mal> que esta mujer podría causar en el pueblo con el fin de extorsionarlo a que saliera de la torre de magia que lo tiene protegido.

Cuando el brujo se entrevista con Renfri, esta suerte de Blancanieves más oscura, hija del conde de Creyden, le cuenta su propia versión de la historia. La persecusión a la que Stregobor la sometió junto a la reina malvada enviándola con un cazador fue asesinarla y extraerle el corazón y el hígado. El cazador la violó y le robó las joyas. Desde entonces tuvo que prostituirse y robar para sobrevivir, así como escapar de los asesinos que su madrastra y el hechicero enviaban a matarla, como envenenándola con una manzana y otras terribles historias de su pasado.

Si bien la reina ya está muerta, Renfri juró vengarse del necromante. El argumento de la joven, que es muy bella pero además fuerte y una asesina profesional, es el mismo que el del mago, el “mal menor”. Si Geralt sacara al mago de la torre o lo matara él mismo engañándolo, salvaría la vida de los aldeanos que Renfri planeaba asesinar en la villa para obligar a Stregonor a salir de la torre y conjurar así al “mal mayor” que este personaje representa.

Geralt no está de acuerdo con esas lineas tan claras que tanto Renfi como el necromante pueden poder establecer entre tipos de maldad. Es interesante que no existe bien contra mal sino diversos tipos de males aún cuando claramente Renfi es al parecer una víctima. Geralt le propone el perdón para no convertirse en el monstruo en el que la reina y el mago se han esforzado en convertirla. Después de esta discusión moral, el brujo cree que la ha disuadido amenazándola de matarla si prosigue con sus pretensiones de venganza, proponiéndole que pase página y siga con su vida, pero al regresar a hablar con el alcalde se da cuenta que lo ha engañado y planea provocar una masacre en una feria que realizará el pueblo.

Junto al alcalde, Geralt vacía la plaza y sale a enfrentar a la asesina, a la que termina matando luego de un combate mortal y sanguinario. Finalmente, Stregobor sale de su torre a agradecerle sus servicios al brujo y pretende llevarse el cadaver de la joven para diseccionarlo y estudiarlo. Geralt se interpone y amenaza al necromante, que al ver su espada brillante, sale corriendo asustado. Para el pueblo, Geralt ha matado a una mujer de un modo horrendo y ha provocado una masacre, causa suficiente para que lo condenen y comiencen a apedrearlo en la plaza. Logra escapar haciéndose un escudo mágico, no obstante, mientras se aleja el alcalde y el pueblo le gritan, que se largue de la villa y que no regrese nunca más.

Una vez más se cuestiona la necesidad de una inocencia absoluta de las víctimas para justificar su venganza, o incluso para la pretensión de cierta justicia, así como el ideal caballeresco de defender a una mujer en cualquier circunstancia o condición, aún cuando esa mujer es capaz de defenderse a sí misma e incluso matarte para conseguir su venganza. Cabe señalar, sin embargo, que en el intento de problematizar el ideal caballeresco, y exponer el machismo detrás del folklore eslavo y la vida del medioevo en la Europa del Este, los cuentos pueden producir un efecto en cierto modo ofensivo desde el punto de vista del género. Ya que la mayoría de las criaturas consideradas monstruosas tienen apariencia femenina. Incluso, más allá de indentificar figuras que se sienten amenazadas por un poder femenino como Stregobor, Geralt termina asesinando o traicionando a las mujeres. Una última conclusión crítica podría ser que el grimdark, por el momento, parece un género que no ha sido incursionado por las mujeres, no obstante, más ampliamente en la ficción especulativa hay exponentes valiosos, como Margaret Atwood y N.K. Jemisin para citar escritoras mujeres que han revisado el género y la diversidad en el fantasy.

Mad Max: Fury Road

El oasis como utopía política

“¿Quién asesinó al mundo?”, pregunta uno de los chicos de la guerra antes de ser lanzado de su camión. ¿Qué significa aquí <<mundo>>? ¿Y qué efectos tiene su aniquilamiento? Podría estar refiriéndose a la madre tierra, sobre la que se ha propagado la desertificación a causa de una guerra nuclear. Pero también es factible que estuviera hablando de algo más que de nuestro planeta. Del mundo como el lugar en donde el hombre existe junto a otros que son sus semejantes, en el que se reúnen para discutir los asuntos humanos y sobre el que actúan, iniciando procesos nuevos, transformándolo. El mundo así entendido, como espacio común, es extremadamente frágil dada la futilidad e irreversibilidad de las las acciones humanas, sobre todo ante las tiranía del desierto y las tormentas de arena, que imponen el aislamiento entre los hombres y anulan su capacidad para actuar. En este sentido, es posible interpretar el fin del mundo como la supresión del espacio de la política. El desierto sería entonces el efecto natural y también político (tiranía, despotismo, totalitarismo), de esa destrucción. 

Este espacio desértico caracterizado como amundano, no es entonces el producto de la omnipotencia del Estado, sino que representa su completa liquidación. En su lugar, han emergido auténticas organizaciones tribales guerreras que se articulan a través del saqueo, bandidaje, el contrabando y la guerra por recursos como el agua, el combustible, armas, que en lugar de la tierra, la riqueza y la producción, constituyen la base material de estas sociedades. El control político de las mujeres es lo propio del despotismo de Immortan Joe. No supone solamente que se las tome como esclavas sexuales, sino que este es el aspecto más visible de la aspiración del jefe de ejercer un dominio sobre la función reproductiva, es decir, sobre su capacidad de engendrar vida. Este poder por el que Immortan Joe pretende asegurarse para sí el dominio sobre la vida, tiene un sentido político: garantizar la continuidad de su tiranía dejando su propia descendencia. Finalmente, el robo, el trueque, el pillaje o la guerra, no dependen únicamente de la capacidad de destrucción, sino también de poder desplazarse en el desierto. Los vehículos a motor, que han devenido armas de guerra, y el arsenal mismo, son las dos tecnologías que sobrevivieron al fin de los tiempos.

Las máquinas, que aparecen también como prótesis, extensiones, acoplamientos del cuerpo, constituyen el apuntalamiento técnico de los guerreros. Mientras las creencia en un paraíso guerrero, el Valhalla, funciona como una suerte de ideología. Esta sociedad no es ajena a la idea de sacrificio. Es precisamente por medio de este sacrificio de la propia vida que los chicos de la guerra pierden su humanidad, reafirmando su condición de armas de guerra, en un último gesto que celebra la muerte heroica. Inmolándose con una última hazaña realizada ante testigos consideran que pasarán a la historia. Tal ideología es la que liga a lo masculino con la muerte y la destrucción, oponiéndose, tramo a tramo, a lo vital, que está en cambio asociado a lo femenino, aunque reducido también a objeto o a una función, la reproducción. Es la mujer la que en Mad Max Fury Road intenta huir a su condición de objeto sexual y reproductivo, reafirmando su humanidad, al sacrificar su vida, y también la de las “semillas de la vida” de la que es portadora, en su intento de escapar al patriarcado que personifica Immortan Joe.

En Mad Max la guerra es ante todo una carrera. Este es el mecanismo social que mantienen la dispersión del poder en bandas, tribus, es decir, que impiden la formación del Estado. La autoridad se asienta en jefaturas. Los jefes se parecen más a líderes, gobiernan gracias al prestigio, la persuasión, la interpretación de los deseos de su grupo, el temor y la amenaza, lo que impide que su poder sea estable. En este sentido, la figura de Immortan Joe puede ser engañosa. Es posible tomarlo como un hombre de Estado, una suerte de déspota. No obstante, solo en apariencia trata de evitar cualquier combate, simulando ser el jefe de un Estado, cuando en realidad se limita a organiza a las bandas, a las manadas, pues no llega a instituir jurídicamente la guerra ni a conformar un verdadero ejército con su función militar. La guerra que libra no es una guerra institucionalizada, regulada, con un frente, retaguardia, batallas. Esta guerra que es persecución, carrera, caza en todo caso, es una guerra sin línea de combate, pura estrategia, lo que permite que sea representada como una coreografía o danza.

Detrás de la ideología que celebra la guerra y la muerte, Immortan Joe oculta que conoce bien el poder que obtiene controlando lo vital en medio del desierto, puesto que el mal que dice conjurar su poder político, a partir del cual mantiene amenazada y esclavizada a la población temerosa, no es el hambre, no es la explotación por el trabajo, no es la peste o la pobreza, o no sólo eso, sino principalmente la sed y la sequía. El control de la fertilidad es la base sobre la cual legitima su jefatura.

Este poder está revestido de algo mágico o religioso también, que no deja de ritualizarse y confirmarse en la ceremonia en la cual levanta la represa y distribuye un poco de agua. Sin embargo está lejos de ser el sacerdote administrador de las grandes obras públicas. Retiene y distribuye el agua, solo como reafirmación de su poder, pero la fuente del mismo la mantiene custodiada por el secreto y la amenaza. No llega no obstante a constituir un sistema social hidráulico en base al cual organizar el Estado tal como lo hicieron las primeras formaciones estatales. Y hay una buena razón para ello: esta es una sociedad esclavista, pero no agrícola (las metáforas agrícolas son patrimonio del ideario de la resistencia a este poder, “las guardianas de las semillas”, la “zona verde”). El cultivo es un mito construido en base a un saber vedado a la población. Ya no queda tierra fértil, se les dice, lo único que les resta es esperar su mínima dosis de agua y servir y adorar a su líder.

Imperator Furiosa se resiste a esta imposición traicionando al jefe, a las creencias sobre las que se asienta su poder, a la esclavitud a la que somete a las mujeres. Huye entonces junto a las esposas ahora liberadas en la búsqueda de una tierra fértil, cultivada por mujeres, que recuerda haber conocido en su niñez. Es por esta triple traición que Imperator Furiosa dejará de ser una guerrera “del poder”, para transformarse en una mujer de la guerra exterior, es decir, resistente al orden establecido. Por su parte Max, en su intento de escapar del cautiverio al que ha sido sometido, que probablemente lo llevaría a una muerte segura, descubrirá la verdad que oculta Immortan Joe. De ahí en más se convertirá en el poseedor de un secreto invaluable: existe un oasis en el desierto, pero no está en otro lugar, sino el corazón mismo de la ciudadela. Que lo descubra tendrá un efecto desestabilizador del orden político fundado en ese secreto.

Podría decirse que el oasis constituye la utopía política de Mad Max Fury Road. El que persigue Imperator Furiosa al principio, la “zona verde”, está menos conectado con la posibilidad de transformación de la realidad social, se asienta en cambio en un mito de salvación, más allá de la política, es la utopía apolítica o amundana. Muy distinta es la alterativa que se abre al Max revelarle el secreto de Immortan Joe, esta supone, en cambio, una revolución, destronar al jefe, liberar a las mujeres, pero también a todo el pueblo sometido, distribuir de otro modo los recursos, especialmente el agua, y eventualmente sembrar la tierra fértil, reproducir la vida. No buscar entonces una salvación más allá de la historia sino cambiar la sociedad real.

El hombre, al intentar transformar y controlar la naturaleza, le ha imprimido a los procesos naturales la impredecibilidad de la acción humana. Ha iniciado procesos cuyos efectos no puede anticipar, como los que pueden producirse en un mundo post-nuclear. En Mad Max, ha desencadenado la propagación del desierto, crecimiento de la amundanidad, en otras palabras, la imposibilidad de comunión entre los hombres con el cosmos y entre sí. Que la naturaleza haya adquirido una dimensión política es algo que interesa a nuestro presente. El Apocalipsis tendría relación con la destrucción de nuestro hogar, el mundo, nuestra madre, la tierra, y con el uso político de la natalidad, nuestra capacidad de crear e iniciar algo nuevo, introducir algo en el mundo que será continuado por otros. No es raro entonces que en Mad Max Fury Road la idea de una sociedad ideal aparezca ligada a cuestionamiento del control de lo nutricio en manos de unos pocos que detentan el poder de la guerra y la muerte. El desierto, por tanto, no es el paisaje natural, como señalamos, sino también el efecto político de la desolación, la devastación, del fin del mundo. El oasis, por su parte, también es amundano, pero constituye una fuente dispensadora de vida sin la cual serían imposible vivir en el desierto sin reconciliarse con él, esto es, sin volvernos sus habitantes naturales, ni perder la esperanza de transformarlo en un mundo humano, es decir, sin quedar desprovistos de la virtud de resistir.

El desierto también designa un estado espiritual, por llamarle de algún modo, alude a la ausencia de sentido, el vacío existencial, el nihilismo en su sentido abrumador y negativo. En estas topologías espirituales prenden fácilmente las ideologías. Max no sostiene la ideología de la muerte. No obstante, tampoco persigue utopías, esto lo enfrenta con cierto desencantamiento que permanece como herencia del mundo perdido. Tal cuestión está representada como tensión en la relación que Max mantiene con su pasado. Max no ha olvidado, sin embargo, la recuperación de su memoria es fragmentaria, traumática, y sobre todo, pareciera ser incapaz de dotar de sentidos a ese pasado que vuelve, una y otra vez, asumiendo la forma de visiones, fantasmas. Hay una indeterminación: Max trata de entender su pasado y solo se responde con el desierto. He aquí una indiferenciación entre uno y otro, y es que, en cierta forma, el peligro para Max no es el desierto ( en el que ha aprendido a sobrevivir), sino volverse él mismo desierto. Que la infertilidad avance, no sobre la tierra (para ello ya es tarde), sino sobre sí mismo, que se aloje en su interior. La incapacidad de otorgar sentidos al pasado, al mundo, a la existencia, es para Max la locura. Y no podría decirse que viene ganando esa batalla. Max es el guerrero nómada loco. Trata de permanecer libre, ante todo. Y, sin embargo, el desierto que es para él su hábitat natural y sinónimo de libertad, al resto de los habitantes de este mundo no deja de aparecérseles como otra forma de prisión. En nuestra sociedad lo contrario de la libertad es el encierro, pero en Mad Max también hay otra forma de tiranía invisible, la vastedad sin limites, como demuestra la escena en que Imperator Furiosa se da cuenta que ya no existe ese pueblo-amazonas que estaba buscando. En ese momento dramático se revela hasta qué punto el completo afuera, ligado al sinsentido, puede ser tan o más terrorífico que el encierro.

Max le revela entonces el secreto de Immortan Joe, y con renovado ímpetu, Imperator Furiosa se lanzará a la conquista del oasis. Esta suerte de Pentesilea, que representa al pueblo mujer sin estado, esta amazona que busca cierta justicia organizada por un modelo de guerreras-mujeres, es la que está destinada a conquistar el poder a través de liderar una resistencia que avanza sobre la ciudad arrasando todo. El caso de Max es diferente. No persigue esta utopía, aunque acompaña y ayuda, creeríamos que para este personaje, el único mundo posible y que conoce, en tanto nómada, es el desierto. Y es que si no fuera así, dejaría de ser un viajero de estas extensiones sin fin, donde nada llega y nadie se presenta; si se propusiera el mismo como líder, se convertiría en una criatura de geografías fijas, inmóviles, un sedentario. Max es, en cambio, un badawi, sin por eso acostumbrarse al desierto al punto de aceptarlo, ya que es capaz de comprender el fenómeno político que personifica Immortan Joe. No obstante, no aspira a sucederlo. Su lugar en esta historia es entonces revelarle el secreto de la existencia del oasis a Imperator Furiosa abriéndole así una perspectiva política de cómo transformar la sociedad de la que se había propuesto huir al ir detrás de un ideal.

En ese sentido, la traición del guerrero es completa: desafía a Immortan Joe, revela los secretos protegidos para desestabilizar el orden político, cuestiona esa suerte de ley patriarcalista bajo la cual se mantiene esclavizadas a las mujeres. Y, sin embargo, como demuestra su alejamiento al final, Max no asume como completamente suya la causa más allá de ayudar a las mujeres a hacerse del control del poder político. No hay en Max nada comparable  a un intento de conquista del poder. Es Imperator Furiosa la que es presentada como una posible “buena gobernante”, en cambio Max, como figura política, sería inquietante, un rey loco. Sin embargo, lo que sí pareciera entender Max, es que el futuro de un mundo azotado por la esterilidad, la sequía, el nihilismo, está reservado a las mujeres, como productoras de sentido, dispensadoras de vida y pueblo de guerreras sin estado, ellas mismas, en tanto tales, emergen como el sujeto político de la revolución que acaso podrá liberar a la población de la tiranía del desierto.