
El primer libro de la Saga de Gerarl de Rivia de Andrzej Sapkowski es una compilación de seis relatos cortos en los que se reimagina el folklore eslavo protagonizado por seres sobrenaturales.
En todos los casos, se trata de cuentos propios de un entorno medieval, generalmente asociados diversas versiones del vampiro, a partir de los cuales se problematizan las figuras de la fantasía basadas en el medioevo europeo idealizado por la cristiandad latina.
El Último Deseo ofrece entonces una mirada del género no occidental de estos mitos provenientes de la tradición de la Europa del Este.
Los cuentos que lo componen están articulados con posterioridad a partir de algunos relatos que sirven de puente que es posible reconocer en la lectura que fueron escritos en momentos distintos. No obstante, cumplen bien su propósito de introducirnos el mundo y los personajes de las historias protagonizadas por el brujo Geralt de Rivia.
Desde luego, el brujo es el personaje que más profundidad y desarrollo adquiere en estas seis historias. En el cánon de esta serie algunos humanos, son reclutados desde niños en una fortaleza llamada Kaer Morhen. Allí reciben un entrenamiento tanto intelectual como físico, adquiriendo conocimientos sobre el mundo sobrenatural y la hechicería. De este modo se los prepara para combatir y cazar monstruos. Una vez terminada la etapa de formación, pasan una prueba por la que deberán beber mutógenos y una serie de pociones que les provocan una transformación dolorosa y traumática a la que no todos sobreviven. Quienes atraviesan aquella prueba, por la que adquieren agudeza de sentidos y habilidades físicas como intelectuales para enfrentar criaturas sobrenaturales, se convierten en brujos. De modo que los brujos en este mundo son humanos mejorados que constituyen una casta de cazadores de monstruos.
Cabe señalar que el monstruo, en este setting, es entendido no tanto como criaturas inteligentes que ponen en cuestión deliberadamente la moralidad o racionalidad de la época, sino que por su naturaleza, y en tanto tales, son tomadas como pestes o plagas que infectan los reinos.
Los reinos por los que viaja Geralt de Rivia los conocemos por sus poblados, en su mayoría, son aldeas de base rural administradas por alcaldes, con quienes Geralt suele tener una irónica aunque simpática relación de negocios. Debido a que el brujo no se deshace gratuitamente de las plagas, sino que caza monstruos por dinero. Además de las autoridades que preservan el orden rural y villas, los nobles y reyes que gobiernan los feudos, también nos enteramos de la existencia de los magos. Si bien los brujos tienen conocimientos arcanos, son los magos los que dominan una gran variedad de hechizos y quienes están vinculados con el poder y la política. El brujo es una hechicero de alcance popular que hace el trabajo sucio, también por eso se ha ganado la fama de mercenario, codicioso y falto de empatía con sus víctimas. En cuanto a los monstruos, en esta entrega aparecen la estrige, la lamia, una especie de hombre lobo, la kikimora, para nombrar algunos, que forman parte del folklore eslavo.
Llama la atención que buena parte de estas criaturas son distintas versiones de lo que en la tradición occidental conocemos como el vampiro.
Los análisis filológicos del término vampiro, así como de las primeras referencias en la literatura y tratados de biología sobre los no-muertos que están documentados a partir del siglo XVII, apuntan a que Europa del Este, en particular Polonia y Rusia, es la tierra madre de los vampiros. Voltaire señaló los motivos religiosos de esa procedencia, la grecia cristiana, “infelizmente cismática”. De la costumbre de los cristianos de creer que quienes son sepultados en tierra griega, es decir, quienes han sido excomulgados, no descansan en paz. Será en el siglo XVIII que proliferen los tratados sobre cómo darle muerte definitiva a estos no-muertos mordedores y chupadores de sangre que se salían de sus tumbas y atacaban de a uno o en hordas a los poblados. Estos tratados pretendían darle fundamentos biológicos a estos fenómenos sobrenaturales. Está atestiguado la idea de “plaga” asociada a los necrófagos que asaltan, como por ejemplo en 1730 y 1735, Valaquia, Moldavia y las Provincias Illíricas.
La leyenda se habría abierto paso en Europa Occidental a través del trabajo de Gabriel Rzazynsky titulado Historia curiosa de la Naturaleza en el reino de Polonia. O el tratado de Calmet de 1755 traducido en varias lenguas. Las imágenes de peste y la epidemia que azota los pueblos rurales se propagan a partir de fines del siglo XVIII. Estas criaturas, además, formaban parte del folklore de estas tierras. Baladas y canciones anónimas evocaban a los vampiros y las hazañas de los héroes de los países eslavos.
La obra de Sapkowski está documentada en el folklore eslavo además de ofrecer una perspectiva regional y popular de esos mitos a partir de una construcción fantástica. Incluso lo logra a través del lenguaje, ya que tanto el autor como su traductor al español, consiguen reimaginar el hablar popular, rico en matices, informalidades, expresiones coloquiales, brutalidades también, de una sociedad llena de prejuicios y crueldad, especialmente con aquello que no se entiende y que resulta amenazador y que es imaginado como monstruo.
La revista Fantastyka que lo premió, consideró a “El brujo” un relato postmoderno porque precisamente se propone reescribir las historias tradicionales en un juego con el pasado, el lenguaje y con el lector, y ambientado en el diseño de una fantasía oscura. Existe la posibilidad de considerar a estos relatos de Sapkowski como un intento de rescatar la oscuridad de los cuentos de hadas tradicionales que estaban orientados un público adulto.
Esta saga de grimdark, como otras obras de este sub- género, se cuestiona la idea tolkeniana de que “los cuentos de hadas tienen que terminar bien” , sin embargo, en mi opinión, más que reaccionar al canon de Tolkien, los relatos del El Último Deseo se focaliza en el propósito de deconstruir las figuras de los cuentos de hadas tradicionales, a partir de reimaginar la oscuridad propia de los cuentos de hadas eslavos, incluso de aquellos que en algunos casos son verdaderos cuentos de terror desprovistos del romanticismo con el que fueron idealizados en la literatura occidental.
